Un viaje revelador

Es curioso como a día de hoy, donde todo se quiere de forma inmediata, hay algunos que esperamos lo más importante de nuestra vida con tremenda paciencia y sin certeza alguna del resultado.

A ratos, nuestra espera en el proceso de adopción, me parece valiente, a ratos triste, en algunos momentos desesperante, y a veces incluso la siento de forma optimista. Es como un baile, un hermoso vaivén, donde existen tiempos más agitados y alegres y otros más lentos y cargados de peso.

En esta espera, quienes te rodean, intentan ayudarte de muchas maneras: no hablándote del tema para no agobiarte o haciéndolo todo el tiempo para permitirte el desahogo de hablar a ti, dándote consejos, distrayéndote, o simplemente estando a tu lado…

A nosotros nos repetían bastante que mientras estuviesemos esperando la asignación de “nuestras estrellitas” viajásemos, que hiciéramos cosas que cuando tienes hijos no puedes hacer…y aunque en estos momentos no hay nada que nos apetezca más que preparar biberones, tener ojeras por no dormir cinco horas seguidas y tener a “tu estrellita” en brazos, a día de hoy debemos conformarnos con esperar a que lleguen esos días.

Y haciendo caso a consejos, este verano decidimos hacer un viaje que no habíamos podido hacer antes, y volamos a Nueva York.
Fueron unos días intensos, magníficos, vimos todo lo que nos dio tiempo a ver y vivimos todas las experiencias que nos permitimos. Y estando en el MOMA, ¡ocurrió algo inesperado!. Delante del lienzo de Klimt, que tenía por nombre “Hope”, de pronto sentí mezcla de una tranquilidad inmensa y agotamiento. Fue uno de los pocos momentos en los que mi cabeza queda en silencio, mis pensamientos se callaron, tanto que por un instante me sentí totalmente bloqueada…y al instante siguiente me inundó una revelación: ¡estábamos esperando! . ESPERANZA, que bonita palabra, y que dura en determinados momentos.

Es curioso como una imagen puede evocarte tantos sentimientos a la vez y darte una claridad tan aplastante en tan sólo un segundo.
A veces, cuando la mezcla de emociones me sobrepasa, y el vaivén provoca vértigos, cierro los ojos y recuerdo aquel lienzo. Luego me repito a mí misma: “espera, esperanzada”…

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